domingo, 2 de diciembre de 2012

La Destrucción




Hoy nuestra ciudad está hecha pedazos. No es la primera vez que nuestro entorno refleja  lo que nuestros corazones llevan dentro. Hoteles destruidos, tiendas saqueadas, gente golpeada. Cristales rotos, sueños deshechos, muerte. Pancartas por doquier, manifestantes en cada esquina; muerte. Quejas y más quejas. ¿Para que? Hoy nuestro nuestra hermosa ciudad, está aun mas deshecha que nuestro interior. Lo que nadie reflexiona, es que nosotros mismos nos hemos dedicado a destruirla.
Con motivo de la toma de poder presidencial, los ciudadanos mexicanos perdieron la cordura y celebraron su aparente libertad de expresión destrozando todo lo que encontraron a su paso. Civiles, policías y hasta militares colaboraron en destrucción; en su propia destrucción. El repudio y el coraje que la toma de protesta del señor Enrique despertó en el país, parece haber afectado más que lo que realmente debería. La inconformidad parece ser algo que no  puede evitarse jamás en este tipo de cuestiones. El miedo profundo de aventurarnos a un futuro sin nombre parce ser común, pero que este miedo nos lleve a la destrucción, ya son palabras mayores.
Supuestamente y según las escrituras, el hombre es un animal que tiene la capacidad de razonar y sentir al mismo tiempo. Según los libros de biología de mi primaria, el hombre está por arriba de cualquier otro animal por tener la capacidad de razonar y no dejarse llevar por el instinto. Pero a veces el instinto nos traiciona y nos manda a la parte más baja de la cadena evolutiva. Cierto es que como animales, tenemos ciertas necesidades que hay que cumplir para poder sobrevivir. Cierto es que algunas de estas necesidades no podemos satisfacerlas tan fácilmente y que muchas veces parece no ser nuestra culpa. Sin embargo, también es cierto que la necesidad nos lleva a hacer cosas que no necesariamente pueden considerarse útiles. Muchas veces, cuando la necesidad sobre pasa nuestro raciocinio, podemos ser capaces de hacer cosas que después pueden afectarnos más de lo que realmente ayudan.
Desde hace mucho tiempo la carencia absoluta o parcial de recursos económicos y educativos de nuestro país, se ha convertido en uno de los temas principales de los periódicos y programas de radio nacionales. La necesidad de estos recursos ha hecho que muchos ciudadanos se molesten, que muchos revoltosos alcen sus pancartas al cielo y que muchos otros pierdan la cordura. Cuando la necesidad sobrepasa los límites de la razón, es cuando la torpeza inunda nuestras mentes y nuestras manos comienzan a destruir. Cuando el hombre se deja llevar por los impulsos precarios que la necesidad le proporciona, es cuando la destrucción no se queda solo en lo material.
Hoy, nuestra hermosa ciudad se encuentra destruida. Hoy, al igual que nuestra hermosa ciudad, nuestras almas están deshechas. La necesidad de comer tres veces al día, de vivir bajo un techo digno y de caminar seguro por las calles, ha hecho que todo ápice de razón desaparezca en nosotros. Los ojos llorosos de los niños desnutridos que viven en la calle nos han tocado el corazón. Las manos temblorosas de los ancianos sin sustento que nos empacan la despensa en los supermercados, han cautivado nuestra vida. La necesidad de un mejor México para todos nos ha hecho perder la cabeza.
Luchar puede ser redituable; perder la razón no es el camino. Dejarnos llevar por la ira del momento solo nos traerá más problemas a la larga. En un principio un alivio infundado inundará nuestros cuerpos haciéndonos creer que hicimos lo correcto. Sin embargo, en un futuro no muy lejano, esa falta de conciencia causará más pobreza, más hambre y más lágrimas en nuestros niños. Las cosas no se arreglan a golpes. La violencia no se combate con mas violencia. La impunidad no se acaba imponiendo. La pobreza no tapa con dinero.
Ahora, un día después de la gran destrucción, todos se quejan. Que si hubo golpeados, que si hay encarcelados, que si el presidente, que si no, que si sí; que si a chuchita la volvieron a bolsear. ¿Y luego? Toda acción tiene una reacción. Todo golpe, trae a cambio un golpe aún más fuerte. Eso es obvio ¿Y luego? Si atacas, solo puedes esperar la respuesta del enemigo. Si no atacas, solo puedes esperar la respuesta del enemigo ¿Y luego?  Y si te haces amigo del enemigo, la respuesta la das tú. ¿Qué maravilla no? 
Hoy nuestra hermosa ciudad fue destruida por aquellos que creen querer construirla de nuevo.