Hoy nuestra ciudad está
hecha pedazos. No es la primera vez que nuestro entorno refleja lo que nuestros corazones llevan dentro. Hoteles
destruidos, tiendas saqueadas, gente golpeada. Cristales rotos, sueños
deshechos, muerte. Pancartas por doquier, manifestantes en cada esquina;
muerte. Quejas y más quejas. ¿Para que? Hoy nuestro nuestra hermosa ciudad,
está aun mas deshecha que nuestro interior. Lo que nadie reflexiona, es que nosotros mismos nos hemos dedicado a destruirla.
Con motivo de la toma de
poder presidencial, los ciudadanos mexicanos perdieron la cordura y celebraron
su aparente libertad de expresión destrozando todo lo que encontraron a su
paso. Civiles, policías y hasta militares colaboraron en destrucción; en su propia
destrucción. El repudio y el coraje que la toma de protesta del señor Enrique
despertó en el país, parece haber afectado más que lo que realmente debería. La
inconformidad parece ser algo que no puede evitarse jamás en este tipo de
cuestiones. El miedo profundo de aventurarnos a un futuro sin nombre parce ser
común, pero que este miedo nos lleve a la destrucción, ya son palabras mayores.
Supuestamente y según las
escrituras, el hombre es un animal que tiene la capacidad de razonar y sentir
al mismo tiempo. Según los libros de biología de mi primaria, el hombre está
por arriba de cualquier otro animal por tener la capacidad de razonar y no
dejarse llevar por el instinto. Pero a veces el instinto nos traiciona y nos
manda a la parte más baja de la cadena evolutiva. Cierto es que como animales,
tenemos ciertas necesidades que hay que cumplir para poder sobrevivir. Cierto
es que algunas de estas necesidades no podemos satisfacerlas tan fácilmente y
que muchas veces parece no ser nuestra culpa. Sin embargo, también es cierto
que la necesidad nos lleva a hacer cosas que no necesariamente pueden
considerarse útiles. Muchas veces, cuando la necesidad sobre pasa nuestro
raciocinio, podemos ser capaces de hacer cosas que después pueden afectarnos
más de lo que realmente ayudan.
Desde hace mucho tiempo la
carencia absoluta o parcial de recursos económicos y educativos de nuestro país, se ha
convertido en uno de los temas principales de los periódicos y programas de
radio nacionales. La necesidad de estos recursos ha hecho que muchos
ciudadanos se molesten, que muchos revoltosos alcen sus pancartas al cielo y
que muchos otros pierdan la cordura. Cuando la necesidad sobrepasa los límites
de la razón, es cuando la torpeza inunda nuestras mentes y nuestras manos
comienzan a destruir. Cuando el hombre se deja llevar por los impulsos
precarios que la necesidad le proporciona, es cuando la destrucción no se queda
solo en lo material.
Hoy, nuestra hermosa ciudad
se encuentra destruida. Hoy, al igual que nuestra hermosa ciudad, nuestras
almas están deshechas. La necesidad de comer tres veces al día, de vivir bajo
un techo digno y de caminar seguro por las calles, ha hecho que todo ápice de
razón desaparezca en nosotros. Los ojos llorosos de los niños desnutridos que
viven en la calle nos han tocado el corazón. Las manos temblorosas de los
ancianos sin sustento que nos empacan la despensa en los supermercados, han
cautivado nuestra vida. La necesidad de un mejor México para todos nos ha hecho
perder la cabeza.
Luchar puede ser redituable;
perder la razón no es el camino. Dejarnos llevar por la ira del momento solo
nos traerá más problemas a la larga. En un principio un alivio infundado
inundará nuestros cuerpos haciéndonos creer que hicimos lo correcto. Sin embargo,
en un futuro no muy lejano, esa falta de conciencia causará más pobreza, más
hambre y más lágrimas en nuestros niños. Las cosas no se arreglan a golpes. La violencia
no se combate con mas violencia. La impunidad no se acaba imponiendo. La pobreza
no tapa con dinero.
Ahora, un día después de la
gran destrucción, todos se quejan. Que si hubo golpeados, que si hay
encarcelados, que si el presidente, que si no, que si sí; que si a chuchita la
volvieron a bolsear. ¿Y luego? Toda acción tiene una reacción. Todo golpe, trae
a cambio un golpe aún más fuerte. Eso es obvio ¿Y luego? Si atacas, solo puedes
esperar la respuesta del enemigo. Si no atacas, solo puedes esperar la
respuesta del enemigo ¿Y luego? Y si te
haces amigo del enemigo, la respuesta la das tú. ¿Qué maravilla no?
Hoy nuestra hermosa ciudad fue destruida por aquellos que creen querer construirla de nuevo.
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