Huir
de la realidad es algo que el ser humano hace comúnmente. Con ayuda de la
televisión, el internet, el alcohol, el tabaco, y otras drogas más fuertes, el
hombre corre de un lado al otro de su entorno buscando una respuesta que le
guste más que lo ven sus ojos. Huir de la realidad ya no es más una opción, si
no una forma de vida. Pocos son los que aceptan sus circunstancias y evitando
el melodrama enfrentan la vida como debe ser, sin querer distorsionarla de
alguna manera. Muy pocos son en realidad, pues aunque muchos se jacten de
puritanos, moralistas y presuman de sus cuerpos sanos y esculturales, les
aseguro que todos ellos son adictos a la televisión, al Facebook, a Harry
Potter o a cualquier chocolate gringo que se les cruce por enfrente. Todos y
cada uno de los seres humanos tenemos nuestro lado obscuro aunque nos aferremos
a ocultarlo severamente.
Por
si o por no, por x o por y, el ser humano jamás estará conforme con su
realidad. Esta inconformidad prematura es la que alienta, sobre todo, a los
jóvenes a ingerir drogas, beber embellecedores de chicas y fumar acuarelas que
pinten sus ojos con hermosos colores pastel. Pero el gris de la vida no se
quita con narcóticos, hierbas finas o brebajes estrambóticos; el gris de las
cosas se pinta con el corazón, sin embargo, pocos lo saben realmente. La
ignorancia es la que nos hace buscar maneras de huir y de fingir que nada pasa.
Es aquella fichita blanca en el maratón la que nos lleva al final del camino, a
lo más profundo de la tierra; es la ignorancia la que nos puede llevar a la
tumba si no hacemos algo pronto.
Verdad
es que si el problema es la ignorancia entonces deberíamos educar a nuestra
gente. La humanidad lleva mas de tres millones de años intentando educar a su
gente, y han logrado cosas muy buenas: calles limpias y libres vagos, gente
letrada y brillante y un sinfín de inventos inútiles para seguir huyendo… de
nuevo y ¿la educación real donde queda? El crecimiento emocional de la gente se
ha borrado por completo del vocabulario de los psicólogos y educadores
juveniles para dar paso a las matemáticas, las ciencias e incluso las
técnica]artísticas ¿y la inteligencia emocional? “bien gracias ¿y la tuya?”
El
melodrama ha corrido por nuestras venas humanas desde siempre. El no aceptar
nuestra condición es lo que provoca que queramos huir de toda situación a la
que estamos expuestos. Siempre, y en todas las clases sociales, oímos a los mas
viejos decir: “crece, se mejor, tu puedes… no te conformes” no conformarse es
igual a no aceptar lo que se tiene y lo que se vive; y al no aceptar, huimos;
al huir solo fomentamos este circulo vicioso. Es huyendo con drogas, dinero y
tecnología, que las nuevas generaciones han crecido y se han formado. En este
sentido es que me atrevo a atribuir todos los problemas que vivimos hoy día a
la falsa idea de que la educación es la ciencia y la razón. Cualquier niño que
haya sido educado emocionalmente, podrá volverse un adulto consciente y
responsable de sus circunstancias, asumiéndolas completamente sin tener
necesidad de huir de ellas. Pero como eso es sumamente complicado de lograrlo
con un sinfín de contraejemplos flotando
por las calles de nuestra linda y contaminada ciudad, es mas fácil conformarse
recurrir a otro tipo de…. Cosas…
Droga.
Hermosa palabra de cinco letras cuyo significado se ha tergiversado de tal
manera que hasta en tabú se ha convertido. Todos hablan de ellas pero nadie
ralamente las entiende. Para entenderlas hay que viajar un poco a su pasado.
Muchas culturas de la antigüedad utilizaban ciertas drogas para inducirse un
trance y tener contacto con sus dioses. Con un trasfondo sumamente metafísico y
antropocosmico, los hipsters y marihuanos de hoy día, escudan sus adicciones
diciendo que el consumo de drogas no es mas que un rito sagrado que hay que
respetar como tal. Sin embargo, analizando fríamente la situación y teniendo en
cuenta la hipótesis antes mencionada, sagrado o no, estos ritos que hacían las
culturas antiguas no eran más que otra forma de huir de la realidad. Con perdón
a todos los creyentes, religiosos, budistas y curanderos, todas estas cosas
intangibles son consideradas una forma de justificar la realidad… en otras
palabras, una forma de huir de ella. Ejemplo claro: cuando un católico se
enferma, le echa la culpa a Dios en vez de asumir la responsabilidad que le
toca y aceptar que no debió salir a la lluvia sin suéter. Y así pasa con todo,
cuando la sequía invade nuestros campos de maíz el Dios Tláloc es el culpable
de todo y no nosotros podemos seguir destruyendo la capa de ozono con nuestros
desodorantes en aerosol ¿no?
Si
huir ya es parte de nuestra rutina diaria, entonces ¿Qué nos asusta tanto? El
presidente calderón huye entre su riqueza y su wiski de 12 años para no
responsabilizarse de sus asuntos. El papa Benedicto huye del papel que le
corresponde rezando todos los días porque México erradique la educación laica.
Los jóvenes huyen de los gritos de sus padres y del horrible sistema educativo,
con marihuana, cocaína y heroína. ¿Y? ¿Si todos huyen, entonces porque los
únicos que son mal vistos son los drogadictos? ¿Penar a todas las madres
solteras que ven la tele todo el día para no estar con sus hijos seria justo
entonces? ¿Linchar a todas aquellas secretarias que leen tv y novelas en sus
trabajos para no oír la horrenda voz de su jefe seria correcto? ¿Verdad que no?
Entonces… ¿Qué hacer?
En
este sentido las drogas no tendrían por qué ser prohibidas… amenos que a los
jóvenes se les imparta una adecuada educación basada en la inteligencia emocional.
Y ya que estamos sincerándonos y confesando nuestros pecados, aceptemos que
esto jamás será posible pues ni siquiera los mas grandes poseedores del poder
en nuestro país saben lo que significa este concepto. Si no podemos evitar que
los jóvenes huyan, entonces mejor hagamos que huyan de la manera mas segura
posible. Hoy dia, salir a la calle en el puerto de Veracruz a las ocho de la
noche es más peligroso que jugar a la ruleta rusa. La famosa guerra contra el
narcotráfico ha cundido de pavor a todos y cada uno de los ciudadanos del país
privándolos de su libertad y su libertinaje repentino. Si desde el principio el
ser humano hubiese aceptado que huir es lo que necesita para ser feliz, el
narco jamás hubiese existido, las calles serian seguras y todos podríamos
pintar nuestras grises vidas con el humo tricolor de las substancias mágicas
que la tierra nos regala… (Claro, si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría
¿no?) Pero como esto no pasó (y Juárez si murió) entonces asumamos que hemos
herrado el camino e intentemos enmendarlo antes de que nos arrepintamos más.
Cierto
es que nada nos asegura que al legalizar las drogas la delincuencia se acabará
y las muertas de Juárez revivirán. Sin embargo, el simple hecho de aceptar que
huimos ya es un avance. “El primer paso es aceptarlo”. Después podrá venir el
arrepentimiento, los latigazos, la lloradera y finalmente… la resignación… o el
cambio. Rogando al dios Tláloc por un cambio, hoy exhorto a todos aquellos
mexicanos esclavos de televisa y adictos a las drogas, que analicen su
situación y se hagan una pregunta: ¿de que estoy huyendo? Después de
contestarla, todo tendrá un poco más de sentido, y la idea de legalizar las
drogas no les resultará taaaan descabellada.
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