lunes, 26 de noviembre de 2012

¿Legalización?




Huir de la realidad es algo que el ser humano hace comúnmente. Con ayuda de la televisión, el internet, el alcohol, el tabaco, y otras drogas más fuertes, el hombre corre de un lado al otro de su entorno buscando una respuesta que le guste más que lo ven sus ojos. Huir de la realidad ya no es más una opción, si no una forma de vida. Pocos son los que aceptan sus circunstancias y evitando el melodrama enfrentan la vida como debe ser, sin querer distorsionarla de alguna manera. Muy pocos son en realidad, pues aunque muchos se jacten de puritanos, moralistas y presuman de sus cuerpos sanos y esculturales, les aseguro que todos ellos son adictos a la televisión, al Facebook, a Harry Potter o a cualquier chocolate gringo que se les cruce por enfrente. Todos y cada uno de los seres humanos tenemos nuestro lado obscuro aunque nos aferremos a ocultarlo severamente.

Por si o por no, por x o por y, el ser humano jamás estará conforme con su realidad. Esta inconformidad prematura es la que alienta, sobre todo, a los jóvenes a ingerir drogas, beber embellecedores de chicas y fumar acuarelas que pinten sus ojos con hermosos colores pastel. Pero el gris de la vida no se quita con narcóticos, hierbas finas o brebajes estrambóticos; el gris de las cosas se pinta con el corazón, sin embargo, pocos lo saben realmente. La ignorancia es la que nos hace buscar maneras de huir y de fingir que nada pasa. Es aquella fichita blanca en el maratón la que nos lleva al final del camino, a lo más profundo de la tierra; es la ignorancia la que nos puede llevar a la tumba si no hacemos algo pronto.

Verdad es que si el problema es la ignorancia entonces deberíamos educar a nuestra gente. La humanidad lleva mas de tres millones de años intentando educar a su gente, y han logrado cosas muy buenas: calles limpias y libres vagos, gente letrada y brillante y un sinfín de inventos inútiles para seguir huyendo… de nuevo y ¿la educación real donde queda? El crecimiento emocional de la gente se ha borrado por completo del vocabulario de los psicólogos y educadores juveniles para dar paso a las matemáticas, las ciencias e incluso las técnica]artísticas ¿y la inteligencia emocional? “bien gracias ¿y la tuya?”

El melodrama ha corrido por nuestras venas humanas desde siempre. El no aceptar nuestra condición es lo que provoca que queramos huir de toda situación a la que estamos expuestos. Siempre, y en todas las clases sociales, oímos a los mas viejos decir: “crece, se mejor, tu puedes… no te conformes” no conformarse es igual a no aceptar lo que se tiene y lo que se vive; y al no aceptar, huimos; al huir solo fomentamos este circulo vicioso. Es huyendo con drogas, dinero y tecnología, que las nuevas generaciones han crecido y se han formado. En este sentido es que me atrevo a atribuir todos los problemas que vivimos hoy día a la falsa idea de que la educación es la ciencia y la razón. Cualquier niño que haya sido educado emocionalmente, podrá volverse un adulto consciente y responsable de sus circunstancias, asumiéndolas completamente sin tener necesidad de huir de ellas. Pero como eso es sumamente complicado de lograrlo con un sinfín de contraejemplos flotando  por las calles de nuestra linda y contaminada ciudad, es mas fácil conformarse recurrir a otro tipo de…. Cosas…

Droga. Hermosa palabra de cinco letras cuyo significado se ha tergiversado de tal manera que hasta en tabú se ha convertido. Todos hablan de ellas pero nadie ralamente las entiende. Para entenderlas hay que viajar un poco a su pasado. Muchas culturas de la antigüedad utilizaban ciertas drogas para inducirse un trance y tener contacto con sus dioses. Con un trasfondo sumamente metafísico y antropocosmico, los hipsters y marihuanos de hoy día, escudan sus adicciones diciendo que el consumo de drogas no es mas que un rito sagrado que hay que respetar como tal. Sin embargo, analizando fríamente la situación y teniendo en cuenta la hipótesis antes mencionada, sagrado o no, estos ritos que hacían las culturas antiguas no eran más que otra forma de huir de la realidad. Con perdón a todos los creyentes, religiosos, budistas y curanderos, todas estas cosas intangibles son consideradas una forma de justificar la realidad… en otras palabras, una forma de huir de ella. Ejemplo claro: cuando un católico se enferma, le echa la culpa a Dios en vez de asumir la responsabilidad que le toca y aceptar que no debió salir a la lluvia sin suéter. Y así pasa con todo, cuando la sequía invade nuestros campos de maíz el Dios Tláloc es el culpable de todo y no nosotros podemos seguir destruyendo la capa de ozono con nuestros desodorantes en aerosol ¿no?

Si huir ya es parte de nuestra rutina diaria, entonces ¿Qué nos asusta tanto? El presidente calderón huye entre su riqueza y su wiski de 12 años para no responsabilizarse de sus asuntos. El papa Benedicto huye del papel que le corresponde rezando todos los días porque México erradique la educación laica. Los jóvenes huyen de los gritos de sus padres y del horrible sistema educativo, con marihuana, cocaína y heroína. ¿Y? ¿Si todos huyen, entonces porque los únicos que son mal vistos son los drogadictos? ¿Penar a todas las madres solteras que ven la tele todo el día para no estar con sus hijos seria justo entonces? ¿Linchar a todas aquellas secretarias que leen tv y novelas en sus trabajos para no oír la horrenda voz de su jefe seria correcto? ¿Verdad que no? Entonces… ¿Qué hacer?

En este sentido las drogas no tendrían por qué ser prohibidas… amenos que a los jóvenes se les imparta una adecuada educación basada en la inteligencia emocional. Y ya que estamos sincerándonos y confesando nuestros pecados, aceptemos que esto jamás será posible pues ni siquiera los mas grandes poseedores del poder en nuestro país saben lo que significa este concepto. Si no podemos evitar que los jóvenes huyan, entonces mejor hagamos que huyan de la manera mas segura posible. Hoy dia, salir a la calle en el puerto de Veracruz a las ocho de la noche es más peligroso que jugar a la ruleta rusa. La famosa guerra contra el narcotráfico ha cundido de pavor a todos y cada uno de los ciudadanos del país privándolos de su libertad y su libertinaje repentino. Si desde el principio el ser humano hubiese aceptado que huir es lo que necesita para ser feliz, el narco jamás hubiese existido, las calles serian seguras y todos podríamos pintar nuestras grises vidas con el humo tricolor de las substancias mágicas que la tierra nos regala… (Claro, si Juárez no hubiera muerto, todavía viviría ¿no?) Pero como esto no pasó (y Juárez si murió) entonces asumamos que hemos herrado el camino e intentemos enmendarlo antes de que nos arrepintamos más.
Cierto es que nada nos asegura que al legalizar las drogas la delincuencia se acabará y las muertas de Juárez revivirán. Sin embargo, el simple hecho de aceptar que huimos ya es un avance. “El primer paso es aceptarlo”. Después podrá venir el arrepentimiento, los latigazos, la lloradera y finalmente… la resignación… o el cambio. Rogando al dios Tláloc por un cambio, hoy exhorto a todos aquellos mexicanos esclavos de televisa y adictos a las drogas, que analicen su situación y se hagan una pregunta: ¿de que estoy huyendo? Después de contestarla, todo tendrá un poco más de sentido, y la idea de legalizar las drogas no les resultará taaaan descabellada.



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