miércoles, 21 de noviembre de 2012

REVOLUCIÓN MEXICANA



Bandas de guerra, bailarinas exóticas,  gente por todas partes y militares con armas largas en cada esquina. Desfiles, sonrisas… soledad. Muchos disfrazando sus penas en las sonrisas vacías de sus hijos al ver pasar al señor don cura Miguel Hidalgo, otros  manifestándose en contra del gobierno, y muchos otros solo pasando intentando no mirar. Al final, todos estuvimos cerca, mirando, quejándonos de las calles cerradas o riéndonos de los policías que comían papitas mientras los vándalos hacían destrozos por ahí. Al final, todos los mexicanos celebramos en 20 de noviembre.
Un sinfín de noticias se suscitaron después del acontecimiento. Que si era el último desfile del presidente calderón, que como se atrevía a salir a las calles presumiendo de la libertad cuando ni siquiera conoce esa palabra, que si los filósofos revoltosos tomaron las plazas importantes de distintas ciudades del país, etc etc. En su mayoría, todos los que escriben acerca de esta celebración se quejan fervientemente de que no hay qué celebrar. Hace ciento dos años nuestro país se levantó en armas contra un régimen que no le parecía y las cosas aparentemente cambiaron. El mundo está muy consciente de que las cosas no cambiaron. Pero la pregunta correcta es ¿Por qué las cosas no han cambiado?
Dicen por ahí que el pueblo tiene el gobierno que se merece. ¿Será cierto? Desde 1910 hasta ahora, las quejas de los ciudadanos mexicanos acerca de nuestros gobernantes y la manera de llevar el país han sido abundantes. Que si roban, que si son corruptos, que la delincuencia, que el crimen organizado, que si a chuchita la bolsearon, ¿realmente la bolsearon, o ella se bolseó a si misma? durante todo este tiempo no hemos hecho más que quejarnos y quejarnos, pero nadie hace nada realmente para cambiar la situación. Aquellos manifestantes hipientos en lucha de la paz que aparentan hacer algo, nunca logran nada por que nunca dejan de quejarse. Lo que sale de sus labios y sus pancartas mal escritas son solo reproches inútiles que de nada sirven y que a nadie ayudan. Dicen por ahí que cada pueblo tiene el gobierno que merece, y es verdad.
Llevamos más de ciento dos años quejándonos de lo mismo y nada hemos conseguido. Es claro que esa no es la respuesta, pero a nadie parece importarle. La razón de esto es muy clara, es más fácil quejarse para que alguien mas resuelva las cosas, que resolver las cosas uno mismo. Es más fácil pedirle a papa gobierno que nos de una despensa en navidad, que aumente nuestro sueldo sin trabajar más o que arregle las calles que nosotros mismos destruimos que ponernos las pilas y arreglárnoslas para resolver nuestros problema. Esperar que otros hagan el trabajo sucio por nosotros es muy fácil, sentarnos a aguardar a que salgan las ranas para apalcuacharlas a tablazos es muy fácil, pero es poco efectivo. Lo efectivo sería irlas a buscar y acabar con ellas de una vez por todas.
Cierto es que hay una raíz detrás de todos estos problemas y que lo ideal sería encontrarla para destruirla. Muchos dicen que el problema es la corrupción, otros se lo atribuyen a la pobreza y algunos cuantos a la educación. La raíz de todos estos problemas es mucho mas profunda que eso. Tanto que somos incapaces de percibirlo, porque ella misma se oculta entre las nubes de la ignorancia y la inconciencia. La razón de nuestros problemas no está las escuelas mal construidas o en las finanzas de los ricos empedernidos. La razón de nuestros problemas está tan oculta en nosotros mismos que somos incapaces de verla.
Quejarse de que no hay trabajo es más fácil que salir a buscarlo. Quejarse de que no hay una buena educación es más fácil que buscar libros para leer y cultivarnos nosotros mismos. Robar es más fácil que conseguir un trabajo digno. Dicen por ahí que “querer es poder” y es verdad, existen muchos ejemplos que lo confirman. Sin embargo nuestro problema es no querer. Al parecer los Yucatecos han influido demasiado en nuestra cultura mexicana con su legendaria frase “lo busco, lo busco, y no lo busco”. Cuando salimos a buscar trabajo, esperamos no encontrarlo. Cuando salimos a buscar educación, esperamos no recibirla. Por todas partes hay un sinfín de personas que buscan un cambio sin querer encontrarlo realmente. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla: es mas fácil quejarse que accionar.
El cambio real no se encuentra en el gobierno o en los socios capitalistas que se apañan los recursos del país sin consideración alguna, el cambio real se encuentra en nuestra voluntad y en nuestras ganas de cambiar. Parecería más complicado de lo que es, pero no es así. Es todo tan sencillo… a veces nos da pereza cambiar porque decimos ¿para que cambiar si el país no va a cambiar y los políticos siguen robando? Y yo pregunto: ¿para que cambiar? un cambio siempre provocará otro cambio. Por más mínimo que sea. Si un ladrón de repente decide no asaltar un negocio y conseguir un trabajo, ese negocio podrá seguir progresando y generar más empleos para que más gente pueda vivir dignamente. Un cambio, por mas mínimo que parezca, provoca otro, que a su vez provoca otro, que su vez etc etc etc…
El cambio está ahí, frente a nuestros ojos, palpitando con fuerza hasta que decidamos dejar de quejarnos y tomarlo. Las quejas y manifestaciones solo empeoran las cosas; complican la vida e impiden que ciudadanos que intentan cambiar lleguen a sus trabajos a tiempo y vivan plenamente. La indecencia es nuestra decisión. La libertad real está en nuestras manos… ¿la tomas o la dejas?
¡Feliz 20 de Noviembre!  




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