Bandas de guerra, bailarinas exóticas,
gente por todas partes y militares con
armas largas en cada esquina. Desfiles, sonrisas… soledad. Muchos disfrazando
sus penas en las sonrisas vacías de sus hijos al ver pasar al señor don cura
Miguel Hidalgo, otros manifestándose en
contra del gobierno, y muchos otros solo pasando intentando no mirar. Al final,
todos estuvimos cerca, mirando, quejándonos de las calles cerradas o riéndonos
de los policías que comían papitas mientras los vándalos hacían destrozos por
ahí. Al final, todos los mexicanos celebramos en 20 de noviembre.
Un sinfín de noticias se
suscitaron después del acontecimiento. Que si era el último desfile del
presidente calderón, que como se atrevía a salir a las calles presumiendo de la
libertad cuando ni siquiera conoce esa palabra, que si los filósofos revoltosos
tomaron las plazas importantes de distintas ciudades del país, etc etc. En su
mayoría, todos los que escriben acerca de esta celebración se quejan
fervientemente de que no hay qué celebrar. Hace ciento dos años nuestro país se
levantó en armas contra un régimen que no le parecía y las cosas aparentemente
cambiaron. El mundo está muy consciente de que las cosas no cambiaron. Pero la
pregunta correcta es ¿Por qué las cosas no han cambiado?
Dicen por ahí que el pueblo tiene
el gobierno que se merece. ¿Será cierto? Desde 1910 hasta ahora, las quejas de
los ciudadanos mexicanos acerca de nuestros gobernantes y la manera de llevar
el país han sido abundantes. Que si roban, que si son corruptos, que la delincuencia,
que el crimen organizado, que si a chuchita la bolsearon, ¿realmente la
bolsearon, o ella se bolseó a si misma? durante todo este tiempo no hemos hecho
más que quejarnos y quejarnos, pero nadie hace nada realmente para cambiar la
situación. Aquellos manifestantes hipientos en lucha de la paz que aparentan
hacer algo, nunca logran nada por que nunca dejan de quejarse. Lo que sale de
sus labios y sus pancartas mal escritas son solo reproches inútiles que de nada
sirven y que a nadie ayudan. Dicen por ahí que cada pueblo tiene el gobierno
que merece, y es verdad.
Llevamos más de ciento dos años
quejándonos de lo mismo y nada hemos conseguido. Es claro que esa no es la
respuesta, pero a nadie parece importarle. La razón de esto es muy clara, es más
fácil quejarse para que alguien mas resuelva las cosas, que resolver las cosas
uno mismo. Es más fácil pedirle a papa gobierno que nos de una despensa en
navidad, que aumente nuestro sueldo sin trabajar más o que arregle las calles
que nosotros mismos destruimos que ponernos las pilas y arreglárnoslas para
resolver nuestros problema. Esperar que otros hagan el trabajo sucio por nosotros
es muy fácil, sentarnos a aguardar a que salgan las ranas para apalcuacharlas a
tablazos es muy fácil, pero es poco efectivo. Lo efectivo sería irlas a buscar
y acabar con ellas de una vez por todas.
Cierto es que hay una raíz detrás
de todos estos problemas y que lo ideal sería encontrarla para destruirla. Muchos
dicen que el problema es la corrupción, otros se lo atribuyen a la pobreza y
algunos cuantos a la educación. La raíz de todos estos problemas es mucho mas
profunda que eso. Tanto que somos incapaces de percibirlo, porque ella misma se
oculta entre las nubes de la ignorancia y la inconciencia. La razón de nuestros
problemas no está las escuelas mal construidas o en las finanzas de los ricos
empedernidos. La razón de nuestros problemas está tan oculta en nosotros mismos
que somos incapaces de verla.
Quejarse de que no hay trabajo es
más fácil que salir a buscarlo. Quejarse de que no hay una buena educación es más
fácil que buscar libros para leer y cultivarnos nosotros mismos. Robar es más fácil
que conseguir un trabajo digno. Dicen por ahí que “querer es poder” y es
verdad, existen muchos ejemplos que lo confirman. Sin embargo nuestro problema
es no querer. Al parecer los Yucatecos han influido demasiado en nuestra
cultura mexicana con su legendaria frase “lo busco, lo busco, y no lo busco”. Cuando
salimos a buscar trabajo, esperamos no encontrarlo. Cuando salimos a buscar educación,
esperamos no recibirla. Por todas partes hay un sinfín de personas que buscan
un cambio sin querer encontrarlo realmente. ¿Por qué? La respuesta es muy
sencilla: es mas fácil quejarse que accionar.
El cambio real no se encuentra en
el gobierno o en los socios capitalistas que se apañan los recursos del país sin
consideración alguna, el cambio real se encuentra en nuestra voluntad y en
nuestras ganas de cambiar. Parecería más complicado de lo que es, pero no es
así. Es todo tan sencillo… a veces nos da pereza cambiar porque decimos ¿para
que cambiar si el país no va a cambiar y los políticos siguen robando? Y yo
pregunto: ¿para que cambiar? un cambio siempre provocará otro cambio. Por más mínimo
que sea. Si un ladrón de repente decide no asaltar un negocio y conseguir un
trabajo, ese negocio podrá seguir progresando y generar más empleos para que
más gente pueda vivir dignamente. Un cambio, por mas mínimo que parezca, provoca
otro, que a su vez provoca otro, que su vez etc etc etc…
El cambio está ahí, frente a
nuestros ojos, palpitando con fuerza hasta que decidamos dejar de quejarnos y
tomarlo. Las quejas y manifestaciones solo empeoran las cosas; complican la
vida e impiden que ciudadanos que intentan cambiar lleguen a sus trabajos a
tiempo y vivan plenamente. La indecencia es nuestra decisión. La libertad real está
en nuestras manos… ¿la tomas o la dejas?
¡Feliz 20 de Noviembre!
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