domingo, 29 de diciembre de 2013

De arte y algo más (2da parte)

2da Parte: El problema CON la creación
Es justo en esa parte donde aparece la pregunta ¿Por qué crear? ¿Porque es bonito, porque es útil, porque nos llena, o simplemente porque aspiramos a que el mundo nos reconozca de alguna manera? ¿Habrá una razón lo suficientemente poderosa para sacrificar todo lo que hasta el momento entendemos como realidad, solo y nada más por crear algo nuevo? ¿Será el reconocimiento de los demás o el crecimiento del ego y la grandeza que crece en nuestras mentes cuando creamos, la que nos inspira a romper con las reglas y sentir un poco de dolor para crear?
Reflexionemos un poco. Todas las personas que hasta la fecha consideramos importantes por lo que han dicho, hecho o pensado, son creadores. Estas personas, hayan o no tenido la restricción del pensamiento que en esta era nos priva de libertad creadora, se atrevieron a tener experiencias de vida que les llevó intrínsecamente a la creación. A través de sus emociones, sensaciones y pensamientos, ellos fueron creando una interpretación de los símbolos del mundo y la compartieron con la mayor cantidad de gente posible. Después de su muerte, todos estos creadores, sea de ideales, modales, respeto, cariño o arte, fueron recordados por su obra, por su creación. Después de su muerte, ellos siguieron vivos gracias al recuerdo que sembraron en las cabecitas cochambrosas de la humanidad. La capacidad creadora de estos individuos, los volvió inmortales.
En eras antiguas, todos los sabios de la humanidad se dedicaron a compartir sus conocimientos y sus experiencias con los demás; invirtieron su tiempo en mostrar al mundo su trabajo y las nuevas cosas que había descubierto a través de él. En eras antiguas, todos esos sabios crearon un respeto, un cariño y una herencia para las generaciones venideras. Herencia que se quedaría impregnada en sus corazones hasta la eternidad. Lo más importante que nos permite la creación es la inmortalidad. Algunos creadores se inmortalizan en libros, tratados, pinturas u obras musicales. Otros quedan en la memoria de sus parientes y amigos cercanos, como aquél ser magistral que nos enseñó algo nuevo sobre la vida. Pero todos estos creadores consiguieron algo invaluable: la vida después de la muerte.
Durante años hemos soñado con la inmortalidad, con aquél elixir de vida que nos hará estar en la tierra para siempre jamás. Durante años, la ciencia ha buscado la manera en la que el hombre puede vivir más tiempo, curando las enfermedades difíciles y previniendo a los sanos de un contagio prematuro que lo lleve a su fin. Durante años, hemos buscado la manera de ser inmortales, y paradójicamente, solo hemos encontrado la manera más fácil de irnos de este mundo.
La vida material como la conocemos tiene un fin y no podemos luchar contra él. Nuestro cuerpo poco a poco se irá deteriorando hasta ya no poder funcionar como debe funcionar. Con el transcurrir de los años, nuestras células se irán muriendo hasta que ya no quede nada de nosotros. Sin embargo, con el tiempo, podemos descubrir cosas que no mueran cuando nuestro cuerpo físico perezca de una buena vez por todas. Con la ayuda de la creación, podemos materializarnos en la mente y en el corazón de los demás, quedarnos en la tierra para siempre y seguir promulgando lo que alguna vez consideramos real. Con ayuda de la creación podemos alcanzar la vida eterna.
Todas estas bonitas frases e ideas rosas acerca de la creación se vuelven opacas con la sombra del dolor que asecha nuestras mentes trastocadas y a nuestros corazones sin amor. Desde siempre hemos intentado encontrar la cura para la muerte, porque tememos a todo el dolor que esta nos pueda causar. Hoy, la muerte se ha ocultado en un manto de sueños rotos, cocido con la aguja de la ciencia y un poco del hilo de la impaciencia. Hoy día, negamos la muerte a toda costa, y nos convencemos cada vez más de que ésta jamás se atreverá a tocarnos. Hoy día hacemos mil y un cosas para evitar morir, sin darnos cuenta que al hacerlo solo estamos negando nuestra naturaleza efímera. La muerte se ha convertido en un tabú; en un asunto del que nadie puede hablar, y al que nadie le conviene cuestionar. Hoy día, negamos la existencia de la muerte, sin darnos cuenta que la aceptación de la misma, es la única manera de evitarla realmente.
Al aceptar la muerte física como un hecho inevitable, nos vemos en la terrible necesidad de crear para poder vivir después de ella. La única forma de trascender y de vivir después de la muerte es mediante las acciones que tengamos en la vida; es mediante la creación. Pero al negar nuestra naturaleza efímera, al no querer sentir dolor, al no experimentar la vida en carne propia y evitar a toda costa que nos lastime y que nos hiera, solo estamos acelerando nuestra muerte en la sociedad.  Solo estamos disfrazando nuestra identidad creadora con máscaras llenas de copias infructíferas que no nos llevarán a ningún lado. Si aceptáramos que algún día vamos a morir, que algún día nuestro cerebro va a dejar de pensar y que nuestros pies van a dejar de caminar, intentaríamos de todas las maneras posibles trazar un camino que no se recorra con un cuerpo físico, si no con algo que dure hasta la eternidad. Intentaríamos crear.
El miedo a la muerte nos ha privado de experimentar las cosas realmente. Muchas personas que quieren vivir cosas nuevas, distintas a las que la realidad les dicta, se atreven a viajar solos, a ir a lugares lejanos y a frecuentar bares de mala muerte para “expandir sus horizontes”. Sin duda estas acciones deberían hacer que sus mentes cochambrosas se abran a nuevas formas de vida, a nuevas maneras de enfrentar las cosas. Sin duda estas experiencias deberían darles sabiduría y llevarlos hacia un camino lleno de creación y crecimiento. Sin duda, estas acciones deberían ayudar a la creación. Pero no lo hacen por una simple y sencilla razón: Todo lo que los jóvenes viven, lo viven a medias. Las personas caminan sin mirar, ríen sin sentir, lloran sin sufrir y besan sin amar. Las personas ya no involucran sus sentimientos en las acciones que realizan o en las experiencias que viven. Las personas ya no viven, solo caminan en automático olvidando todo a cada paso.
Hoy día los jóvenes que aspiran a crear le temen a la muerte, le temen al dolor y a las experiencias. Todo lo que ellos viven, escucha, ven y experimentan, lo borran de inmediato para que no les suscite ningún tipo de cuestionamiento o algo similar. Hoy día, aquellos creadores que intentan vivir cosas nuevas a través de la experiencia, borran de inmediato todas las sensaciones que éstas les provocan, quedándose solo y nada más con lo que ya conocen. Justificándose con un millón de argumentos infructíferos, se escudan en las reglas que la sociedad les sugiere y juzgan las pocas experiencias que logran tener, haciendo que estas se disipen de inmediato, borrando todo rastro de sabiduría que éstas pudieran dejar. Hoy día las personas que se dicen creadoras y experimentadoras de cosas nuevas han cerrado sus canales de conocimiento impidiendo que las sensaciones que estas experiencias les provocan les dejen una enseñanza, un aprendizaje o una razón para crear. Hoy día el mundo ha dejado de sentir y se ha limitado a pensar sin pensar realmente.

Todas las cosas que vivimos pasan por nuestros ojos, llegan a nuestras mentes, se filtran y se van. Ya nada pasa por nuestros corazones sin amor, por nuestra piel insensible o por nuestras narices carentes de verdad. Somos incapaces de aprender mediante nuestras sensaciones y sentimientos. Estamos tan encerrados en los paradigmas que la sociedad nos ha impuesto, que todo lo que vemos y vivimos lo razonamos con esas pautas y lo descartamos de inmediato creyendo que son cosas inútiles; inválidas. Si nos detuviéramos a sentir las cosas, a oler a la gente que pasa, a escuchar realmente lo que la gente nos quiere decir o a empatizar con el otro para saber realmente lo que siente y piensa y su porqué, podríamos crecer un poco más. Podríamos ser sabios que, como nuestros antepasados, creaban a partir de sus experiencias y de las de los demás. Si nos dedicáramos a entrenar nuestra capacidad de simbolizar las cuestiones emotivas del mundo, seríamos creadores y viviríamos para siempre. 

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